mar 3a. Ordinario año impar (Id=101)

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Antífona de Entrada

Acuérdate, Señor de tu alianza; no olvides por más tiempo la suerte de tus pobres. Levántate, Señor, a defender tu causa; no olvides las voces de los que te buscan.

[Misa]

Oración Colecta

Oremos:
Dios eterno y todopoderoso, a quien confiadamente podemos llamar ya Padre nuestro, haz crecer en nuestros corazones el espíritu de hijos adoptivos tuyos, para que podamos gozar, después de esta vida, de la herencia que nos has prometido.
Por nuestro Señor Jesucristo...
Amén.

[Misa]

Primera Lectura

Aquí estoy, Dios mío; vengo para cumplir tu voluntad

Lectura de la carta a los Hebreos
10, 1-10

Hermanos: La ley no es más que una sombra de los bienes futuros, y no la realidad misma de las cosas. Por eso, no puede hacer perfectos a través de estos mismos sacrificios a quienes cada año se acercan a ofrecerlos. De lo contrario, ¿no se habrían dejado de ofrecer, ya que quienes los ofrecen, una vez purificados, ya no tendrían conciencia alguna de pecado?
Sin embargo, estos sacrificios renuevan cada año el recuerdo de los pecados, porque es imposible que la sangre de los toros y de los chivos quite los pecados. Por eso, cuando Cristo entró en este mundo dijo:
No has querido sacrificio ni ofrenda, pero me has formado un cuerpo; no has aceptado holocaustos ni sacrificios por el pecado. Entonces yo dije: Aquí estoy, Dios mío, para hacer tu voluntad. Así está escrito de mí en un capítulo del libro.
En primer lugar dice: No has querido ni has aceptado los sacrificios, ofrendas, holocaustos ni víctimas por el pecado, que se ofrecen según la ley. Después añade: Aquí estoy para hacer tu voluntad. De este modo anula la primera disposición y establece la segunda. Por haber cumplido la voluntad de Dios, y gracias a la ofrenda que Jesucristo ha hecho de su cuerpo una vez para siempre, nosotros hemos quedado consagrados a Dios.
Palabra de Dios.
Te alabamos, Señor.

Salmo Responsorial

Sal 39, 2-4ab.7-8a.10.11

Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

Puse toda mi esperanza en el Señor; él se inclinó hacia mí y escuchó mi grito. Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Domine, ut fáciam voluntátem tuam.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero hiciste que te escuchara; no pides holocaustos ni víctimas, entonces yo digo: "Aquí estoy".
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Domine, ut fáciam voluntátem tuam.

He proclamado tu fidelidad en la gran asamblea, tú sabes, Señor, que no me he callado.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Domine, ut fáciam voluntátem tuam.

No he ocultado tu fidelidad en el fondo de mi corazón, proclamaré tu lealtad y tu salvación, no oculté tu amor y tu lealtad en la gran asamblea.
Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.
Ecce vénio, Domine, ut fáciam voluntátem tuam.

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has revelado los misterios del Reino a la gente sencilla.
Benedíctus es, Pater, Dómine caeli et terrae, quia mystéria regni párvulis revelásti.

Aleluya.

Evangelio

El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre

† Lectura del santo Evangelio según san Marcos
3, 31-35

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, llegaron a donde estaba Jesús su madre y sus parientes y, quedándose fuera, lo mandaron llamar. La gente estaba sentada alrededor de Jesús, y le dijeron:
"Oye, tu madre, tus hermanos y tus hermanas están afuera y te buscan".
Jesús les respondió:
"¿Quiénes son mi madre y mis hermanos?"
Y mirando entonces a los que estaban sentados a su alrededor, añadió:
"Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre".
Palabra del Señor.
Gloria a ti, Señor Jesús.

[Misa]

Oración sobre las Ofrendas

Acepta, Señor, con bondad estos dones que has puesto en manos de tu Iglesia, y con tu poder conviértelos en el sacramento de nuestra salvación.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén.

[Misa]

Prefacio

Proclamación del misterio de Cristo

En verdad es justo y necesario, es nuestro deber y salvación, darte gracias siempre y en todo lugar, Señor, Padre santo, Dios todopoderoso y eterno, por Cristo, Señor nuestro.
Porque, unidos en la caridad, celebramos la muerte de tu Hijo, con fe viva proclamamos su resurrección y con esperanza firme anhelamos su venida gloriosa.
Por eso,
con todos los ángeles y santos, te alabamos, proclamando sin cesar:
[Misa]

Antífona de la Comunión

Alaba, Jerusalén, al Señor, porque te alimenta con lo mejor de su trigo.

[Misa]

Oración después de la Comunión

Oremos:
Que la recepción de esta Eucaristía nos confirme, Señor, en tu amor y nos ayude a conseguir la vida eterna.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
Amén

[Misa]

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